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Un pozo petrolero abandonado lanza fugas tóxicas sin control
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Martes, 1 de septiembre de 2026
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 Desde hace más de tres años un pozo petrolero abandonado en Lomas de Olmedo (Salta) lanza gases tóxicos, matando todo a su alrededor y, hasta la fecha, no hay un plan de remediación concreto. Es urgente exigir su cierre y el saneamiento de la zona.
Aunque la presión social logró que en diciembre de 2025 el Gobierno de Salta publicara un decreto reconociendo la crisis, hoy —seis meses después— el decreto es una promesa vacía sin presupuesto ni acciones reales. Es urgente exigir a las empresas, al Gobierno Nacional y al Gobierno Provincial su cierre y el saneamiento de la zona.
Un bosque totalmente destruido, animales sin vida y sustancias tóxicas que se esparcen, cada vez más lejos. “Sentí impotencia, dolor, tristeza, una mezcla de sensaciones difícil de explicar. Todo eso mientras mis oídos seguían aturdidos por el ruido. Sufría muchísimo calor, pero sin la máscara era imposible respirar por la nube de hidrocarburos. Como biólogo, ver la naturaleza destruida me partió el alma. Plantas y animales muertos, el suelo seco y agrietado, el bosque arrasado”.
Así recuerda la experiencia Matías Arrigazzi, miembro del equipo de Campañas de Greenpeace Argentina, cuando hace unos meses viajó junto a la organización a la zona de Lomas de Olmedo, departamento de Orán, provincia de Salta para documentar y denunciar este crimen ambiental.
El equipo logró adentrarse en medio de un bosque nativo, a 260 Km de la capital provincial, donde encontraron un infierno: un pozo petrolero abandonado presentaba fugas sin control de gases y líquidos con hidrocarburos, dejando el bosque convertido en un escenario de terror con riesgos severos de explosión y de incendios.
Como resultado constataron la existencia de dos fases, una de ellas aceitosa y compatible con la presencia de hidrocarburos. Además, registraron numerosos animales muertos y comprobaron que las plantas aledañas no podían respirar y ni fotosintetizar por estar cubiertas por una película oleosa.
“Los líquidos y gases se esparcían sobre el suelo y la vegetación mientras el derrame de los gases de la válvula abandonada aumentaba e invadía el aire haciéndolo irrespirable. La contaminación generó una densa nube tóxica que terminó envolviendo al bosque alrededor y envenenando la flora y fauna doméstica y silvestre”, recuerda Matías.
Como consecuencia de este desastre, cerca de 20 hectáreas de bosques nativos hoy se encuentran secos, sin vida, en el perímetro del pozo. Y la afectación a la biodiversidad se extiende a muchas hectáreas más, según variables como la presión atmosférica, la temperatura y los vientos.
Muchos habitantes locales directamente tuvieron que abandonar sus casas. Los pocos que no lo hicieron se juegan la vida y la salud con los riesgos que implica permanecer en un lugar tan contaminado. Greenpeace está en constante conversación con ellos para tener actualizaciones del estado actual del pozo y poder comunicarlo.
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